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martes, 9 de junio de 2015

LA CLAVE: INTELIGENCIA EMOCIONAL

Hace un par de semanas estuve en el congreso de la FEP. Durante la primera sesión hubo acaloradas participaciones de algunos compañeros universitarios que buscaban imponer una propuesta de manera autoritaria, ante la forma como los estudiantes plantearon su propuesta, en el auditorio se podía sentir una atmósfera densa de malhumor que desencadenaría  intensas discusiones que venían de un lado a otro, el moderador de la mesa directiva (quien conducía el congreso y  debía de mantener orden) se mostró cada vez más débil ante la arremetida paulatina de los universitarios que cuestionaban la forma de su proceder y de cómo se estaba llevando a cabo el congreso. Todo moderador de alguna actividad o evento debe mantener una conducta coherente, ecuanimidad y un discurso compacto tanto de forma como de fondo. No tardó mucho para que se escuchen agravios, ya el asunto se había puesto de mal en peor. “Hay fuertes emociones que se presentan inesperadamente, estas dominan e influyen en nuestro comportamiento”. Esta tesis es reafirmada entre muchos especialistas, por el psicólogo Daniel Goleman. Según este autor: “la inteligencia emocional permite tomar conciencia de nuestras propias emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que se soportan en el día a día; así como la capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, que brindará más posibilidades de desarrollo social”. Conclusión: todo líder debe ser inteligente emocionalmente hablando, no basta que tenga un coeficiente intelectual alto. Se necesita de ambos, pero más de la inteligencia emocional, ya que según Goleman representa el 70% del éxito en la vida de una persona, dejando el otro 30% en sus habilidades intelectuales, oportunidades, apoyos, etc. La inteligencia emocional por tanto implica básicamente sentir, entender y controlar las emociones propias y ajenas, con el fin de solucionar asuntos y/o problemáticas que vienen suscitando en la vida de la persona. Hay una cita antiquísima de Lao Tsé que pronosticaba este hecho científico, y dice lo siguiente: “El hombre que domina a otros es fuerte, pero él que se domina así mismo es poderoso”. Que tengan buen día amigos lectores.


lunes, 1 de diciembre de 2014

EMPATÍA Y SIMPATÍA

Hoy hablamos de dos componentes importantes en las relaciones interpersonales que guardan una íntima relación que son la empatía y la simpatía. La empatía es según la RAE: “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. O lo que es igual, la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Dicha capacidad en el modelo de inteligencias múltiples de Howard Gardner se denomina: Inteligencia interpersonal. Y según el estudio de Daniel Goleman sobre inteligencia emocional, está situada entre las habilidades más complejas (en el cuarto nivel en orden de adquisición). Lo que cuenta Goleman es que esa capacidad de ponerse en el lugar del otro se aprende, no se nace sabiendo y a medida que nos vamos relacionando con las personas vamos construyendo y mejorando. Por lo tanto si cree usted que no es empático y que tampoco lo será, está negándose una habilidad que se puede aprender y la mejor forma de aprender una habilidad cualquiera que fuese es poniendo en práctica dicha habilidad. La simpatía por el contrario, nace espontáneamente sin necesidad de aprendizaje. Así lo indica su definición según la RAE: “Inclinación afectiva entre personas, generalmente espontánea y mutua”. A la hora de la práctica, la principal diferencia entre simpatía y empatía es la siguiente: Si alguien te cae bien y te sientes cercano afectivamente a su forma de sentir o de pensar, sin importar que conozcas del todo a esa persona, eso es simpatía. Y Comprender a la persona hasta el punto de ponerse en su lugar, independientemente de si compartes o no su forma de ver las cosas, eso es empatía. Como ves, son independientes.  Cuando te relacionas con otras personas, puedes sentir empatía, simpatía, ambas o ninguna.